Innumerables veces en la historia el ser humano se ha lanzado al campo de batalla en busca de la anhelada libertad. Ningún pueblo, bajo ningún sistema de organización o gobierno, sea vencedor o vencido en las batallas, ha logrado ser libre ni darles libertad a sus cohabitantes.

Ningún hombre puede darle libertad a otro, pues la esclavitud del ser humano es interior.

Solo observándonos en el diario vivir descubrimos que en nuestro mundo interior viven en constante actividad pensamientos, emociones, envidias, deseos, egoísmo, temores, frustraciones, recuerdos, planes, preocupaciones, penas, odios, rencores, etc.

Esto es lo que tenemos para brindarle al mundo y es con lo que nos relacionamos, pues es lo que somos ahora, y por consecuencia, es lo que origina todos los sucesos del mundo exterior.

Esto, lo que somos internamente, es lo que nos esclaviza pues no podemos dejar de sentir y obrar con dichos valores.

Quien no se auto-observa, jamás entenderá que su personalidad es sólo una marioneta de estas fuerzas. Estos yoes, egos, formas mecánicas de ser, vicios, defectos o como quieran llamarse, son los que ocasionan nuestra desdicha y la de los demás, utilizando nuestra energía vital de manera desordenada y sin ningún criterio útil.

Lo que sigue no es algo indispensable, ni una guía universal de autoconocimiento, pues cada cual tiene su propio Ser, su Conciencia, que es su verdadera guía y a quien cada cual debe escuchar si quiere realmente ser libre. Nadie nos puede dar un método general de comprensión sobre lo que somos.

La comprensión es algo muy íntimo que surge del trabajo profundo interior. Para iniciar dicho trabajo debemos comenzar por observarnos las 24 horas del día.

Leer y estudiar no resulta útil en ningún sentido si se excluye la parte práctica. La vigilia o auto-observación a cada instante, en soledad, con amigos, en el trabajo, con la familia, etc. es la base de un trabajo interior serio.

Este espacio tiene por objetivo entregar algunas pistas complementarias para el estudio, la profundización, la reflexión, la meditación, de nuestros defectos psicológicos o conceptos con el fin de entenderlos y disolverlos.

Para comprender el sentido de este escrito es necesario el estudio de las 50 conferencias de “CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO”

EL YO

 

Nuestra condición – El yo es deseo, memoria, concepto – Sobre la naturaleza múltiple – La Conciencia, el origen de los yoes, y el oficio de la chispa – La lucha por el cuerpo físico y la ilusión de unidad – La personalidad

NUESTRA CONDICIÓN

Somos actualmente una marioneta movida por los invisibles hilos de mecánicas emociones, deseos, temores, odios, etc.

Por ej., si alguien me insulta, en mi mundo interior se genera una reacción de odio, orgullo, vergüenza, violencia, etc. Dicha reacción va a producir una respuesta en el mundo exterior: pelea, ironía, gritos, indiferencia, etc.

Cada una de mis emociones, de mis pensamientos, de mis deseos, radica en la existencia de un yo particular, creado en base a la imitación, la envidia, la competencia, y muchas otras cosas.

Si pasa una mujer atractiva, inmediatamente surgen en mi mundo interior una variedad de reacciones mecánicas (deseos, imaginación, excitación, etc.) que me llevan a una respuesta condicionada: morbosearme, piropearla, seguirla, preguntarle algo, mostrarme, sufrir, resignarme, etc.

Así mismo sucede con los celos, con la competencia, con la codicia…son fuerzas a las que el ser humano se encuentra sometido. Como vemos el cuerpo se presta pasivamente para las diversas actividades de la psiquis.

Si descubro los resortes secretos de mis reacciones mecánicas, las puedo desarticular para que dejen de obligarme a actuar siempre de la misma manera.

Trabajando de esta manera con cada uno de los yoes, uno se adueña de sí mismo y rompe con la mecanicidad.

EL YO ES DESEO, MEMORIA, CONCEPTO

Se ha enunciado por ahí que todos tenemos un “yo superior” y uno del tipo inferior y que mediante un trabajo espiritual podemos conectarnos con el superior. Dicha teoría no contempla que lo inferior y lo superior son dos aspectos de la misma cosa.

El “yo superior” puede tener en apariencia muy buenas intenciones pero no deja de ser un yo, un condicionamiento. El “yo superior” se pretende bueno, desea ser bueno. Desear ser bueno, pacífico, amoroso, no es serlo. Sólo el Ser es.

La Conciencia, el Real Ser interior de cada uno de nosotros, no se parece a ningún tipo de yo, es impersonal, universal e indefinible.

El Ego existe como multiplicidad psíquica caótica, como conjunto de yoes de todo tipo.

El Ego es memoria, recuerdo condicionante con el cual reaccionamos ante los diferentes estímulos. Muchas veces se nos ha dicho que “del sufrimiento se aprende”. Si alguien nos mintió, aprendimos a desconfiar, si nos golpearon, aprendimos a estar a la defensiva, si nos burlaron, aprendimos a ser indiferentes…

En realidad, más que aprender nos hemos ido condicionando. El verdadero aprendizaje consiste en comprender todos esos condicionamientos para poder librarnos de ellos.

Cuando las experiencias de la vida son comprendidas dejan de existir como experiencias y nacen como comprensión.

El Ego es también memoria del placer. Todo placer experimentado queda grabado en nuestra psiquis como deseo. Todo deseo es insaciable. Cada vez que satisfacemos un deseo lo hacemos crecer. Cuanto más se satisface un deseo más fuerza adquiere y mayor es la demanda por la insatisfacción que se siente.

Todo yo gasta la energía necesaria para el desarrollo de nuestro trabajo interior. Nuestro cuerpo físico es una máquina con funciones perfectamente definidas: sentir, pensar, hacer, hablar, crear a través del sexo. Los diferentes defectos o yoes desequilibran nuestro cuerpo físico y saquean los centros de energía deseando, sintiendo, pensando, hablando y haciendo cosas que no resultan útiles para el despertar de la Conciencia. La lucha por el equilibrio de los centros es la lucha por alcanzar la Castidad, la Fidelidad y el Amor en todas las cosas de la vida.

Cuando nos liberamos de un yo, (recuerdo, idea, deseo) surge en nosotros el valor de la espontaneidad, que es vivir el instante de manera conciente, sin deseos ni condicionamientos, sin miedo y sin dolor.

Mientras la “sabiduría” buscada por medio del Ego nos conduce a ampliar nuestra memoria acumulando conceptos y condicionamientos, la Sabiduría del Ser nos conduce a eliminarlos para conocer, sin conceptos mediante, todo lo existente.

Sólo mediante la muerte de todas estas formas de ser, condicionamientos, deseos e instintos se hace posible el nacimiento de la Conciencia en cada uno de nosotros.

SOBRE LA NATURALEZA MÚLTIPLE

Observando la naturaleza podemos descubrir que la multiplicidad está presente en toda unidad.

Así como cada uno de nosotros carga dentro de sí una multiplicidad de formas de ser, personas interiores (yoes) lo mismo ocurre con cada una de nuestras formas de ser: ellas estarán compuestas por muchas otras formas.

Todos nuestros yoes están conectados entre sí, cada uno tiene algo del resto. Por eso el yo que llora, puede hacerlo con alegría, así como también con tristeza, odio, miedo, etc…

Nuestra Psiquis es una legión de entidades independientes con intereses diferentes entre sí. Para graficarlo imaginemos una bolsa llena de deseos, donde cada cual tironea hacia un objetivo diferente. Sin embargo, todos mantienen una interconexión que los hace parte de la misma bolsa, o multiplicidad.

Tenemos la idea de ser siempre el mismo, la ilusión de ser un Yo continuo porque todos nuestros yoes, cuando se reflejan en el pensamiento, se enuncian en primera persona: YO quiero fumar, YO tengo sueño, YO odio, YO estoy triste, etc. Cada uno tiene la ilusión de ser el único dueño de la máquina, mientras la posee.

Nuestra incapacidad para auto-observarnos impide que nos demos cuenta de la multiplicidad que de un instante al otro, desfila constantemente tomando el control de nuestro cuerpo físico para desear, sentir, pensar, hacer, etc. sin ninguna intervención de la Conciencia.

LA CONCIENCIA, EL ORIGEN DE LOS YOES, Y EL OFICIO DE LA CHISPA

La Conciencia es el origen de todo lo que somos. De allí proviene toda energía existente.

Solo una pequeña parte de nuestra Conciencia está libre, el resto se fue atrapando a través del tiempo en nuestros yoes, instintos, defectos, etc.

Para llegar a comprender profundamente un yo debemos considerar que la Conciencia atrapada en él está aprendiendo a hacer algo. Por este motivo se dice que la vida es una escuela.

El yo tiene una razón de ser y es permitirnos aprender del error, ya que la Conciencia atrapada en él era inicialmente libre e inocente, o sea, carente de sabiduría.

Por dicha inocencia se cayó en el error, para obtener la sabiduría de ese condicionamiento particular.

El yo es una manera equivocada que tiene la Conciencia de reaccionar ante un estímulo.

Esta manera equivocada es la respuesta mecánica a la cual quedó sometida esa chispita de Conciencia cuando quiso hacer desde la inocencia, sin sabiduría.

Por ejemplo: En determinado momento fabrico el yo gritón para imponerme sobre otros sin tener que dar explicaciones o para reforzar la defensa de mi postura. Y Como me dio resultado, desde entonces siempre actúo así en un intercambio de ideas.

Pero si comienzo a auto-observarme y en una reunión descubro al yo debería preguntarme:

¿Qué estímulo originó este defecto? (Pueden ser varias cosas: miedo, inseguridad, humillación, etc.)

¿En qué se equivoca este defecto al querer resolver esto así? (No escucha al otro, se ofusca y no tiene claro que es lo que está defendiendo, quiere tener razón, quiere que el otro lo acepte, siente odio, etc.)

Es tan importante ver qué está queriendo resolver el yo (por ejemplo ser aceptado o respetado) como su incapacidad para lograrlo (por medio de los gritos, la violencia, etc.)

En todo esto resulta indispensable ver como se relacionan los yoes entre sí. Porque si me manifiesto con mi yo gritón para ser aceptado, es porque existe otro yo que quiere ser aceptado. Si quiero ser aceptado, es porque existe otro yo que teme a la soledad, y así.

Debemos observar como un yo puede ser una justificación para el accionar de otro.

En la medida que se trabaja con los Tres Factores para la Revolución de la Conciencia, las chispas se van liberando e integrando. Cada chispa recibe la Sabiduría que le corresponde de acuerdo con su vocación, con su razón de ser en el microcosmos hombre. Así esa unidad múltiple que es nuestra psiquis se va perfeccionando.

Siguiendo con el mismo ejemplo, cuando comprendamos que de nada sirve imponernos gritando ni buscar ser aceptados, cuando descubramos y eliminemos los motivos por los cuales gritamos a todo el mundo, podremos entonces eliminar al yo gritón. La Conciencia liberada de ese condicionamiento nos permitirá, con su sabiduría adquirida, relacionarnos de una manera más Conciente. Y sabremos cuando es verdaderamente necesario gritar pues esa chispa de Conciencia liberada posee toda la sabiduría al respecto, ese es su oficio dentro del microcosmos hombre.

En la medida que la Gran Obra avanza se va logrando la verdadera individualidad. Esta Individualidad sagrada es la perfección de esa multiplicidad que somos, esa misma que ahora se encuentra en estado caótico.

LUCHA POR EL CUERPO FÍSICO Y LA ILUSIÓN DE UNIDAD

Los yoes sólo pueden manejar la máquina humana de a uno y, mientras lo hace, cada yo tiene siempre la ilusión de ser el único, de ser real, de ser conciente.

Si la lucha por el dominio del cuerpo físico, se manifestara en la misma máquina, entonces una pierna iría para cada lado, una mano acariciaría y la otra golpearía…

Esto jamás ocurre sino que la lucha por el dominio de la máquina se da fuera del cuerpo físico y se manifiesta como duda, incertidumbre o veloz alternancia entre los yoes.

Hasta que triunfa uno.

¿Entonces que sostiene nuestra ilusión de unidad?

El hecho de que un yo esté ligado directamente con todos los demás facilita la ilusión de unidad, pues un mismo yo manifiesta conductas que también encontraremos en otros.

Además sostienen la ilusión de unidad y continuidad, el cuerpo físico (por ser el mismo para todos los yoes), y la personalidad, porque a pesar de ser múltiple, coloca a los yoes en el cuerpo de a uno.

 

 

En la 5ª Dimensión los “yoes” existen como multiplicidad caótica. Para alcanzar la 3ª Dimensión o Mundo Físico necesitan de un vehículo que les permita manifestarse en el Tiempo (4ª Dimensión). Ese vehículo es la personalidad.

LA PERSONALIDAD

La personalidad es la que le da continuidad física al desfile de yoes. Cada yo se adueñó de una fracción de la personalidad y esta fracción es su tiempo de manifestación en la vida. Cada día es una réplica en miniatura de toda la existencia, en un solo día desfilan todos y cada uno de nuestros yoes. Lo que ocurre es que no los vemos.

La personalidad es el campo donde se libra la batalla por el dominio de la máquina. Cuanta más fuerza tenga un yo en relación a los demás, más terreno gana sobre la personalidad.

Que un yo gane más terreno sobre la personalidad significa que se inmiscuye en cada vez más actividades, estando cada vez más presente.

Por ej.: si tengo el yo asesino, este puede estar refrenado desde mi personalidad por otros yoes. Pero en la medida que este yo asesino crece, mi personalidad se convierte en la de un asesino y ya no tengo tantos reparos en matar.

Distingamos al yo de la personalidad. El yo es una fuerza que tiende una y otra vez hacia lo mismo. La personalidad es circunstancial, está formada por elementos pasajeros.

Por ej.: cuando soy niño el yo apegado se manifiesta como apego hacia mis padres; cuando soy adolescente, hacia mi pareja y amigos; cuando soy adulto, hacia mis hijos, esposa y profesión; cuando soy un anciano, hacia mis recuerdos y costumbres, etc. Al yo del apego sólo le interesa sentir apego. Las cosas y personas son sólo una excusa para su manifestación.

La personalidad va variando según los conceptos de la época y la manifestación de los yoes que ganen el cuerpo por más tiempo. Por ejemplo: en Roma se entendía que era viril usar falda, entonces el yo viril de esa época se mostraba con ese aspecto. En esta época, el yo viril sigue otras modas, va al gimnasio, etc.

La personalidad va adaptándose a las épocas, pero los yoes son los mismos. El yo puede adecuarse a cualquier concepto de la personalidad

La personalidad es hija del tiempo. Cuanto más tiempo de manifestación alcance un yo, más terreno gana sobre la personalidad, y más nos roba lo único que tenemos: el presente.

Tras desencarnar, la personalidad comienza a desintegrarse. Es lo que comúnmente se llama “el fantasma” del difunto: la apariencia que tenía la persona al morir, sus modales, gestos, tono de voz, etc. Todo lo que esa persona tenía de superficial y todo lo que era de su tiempo. Su historia personal.

Lo único que sobrevive es la Conciencia, que jamás muere. Pero el 97 % de esta Conciencia sigue atrapado en sus condicionamientos y los arrastrará hasta su próxima existencia.

Una nueva personalidad habrá de ser formada entonces, según las Leyes de Karma y Dharma, un nuevo vehículo energético que permita usurpar la nueva máquina.

ESTUDIANDO A LOS YOES

La auto-observación – Temor, placer y dolor – Átomos y moléculas

LA AUTO-OBSERVACIÓN

Cualquier cosa que vayamos a estudiar nos conduce a iniciar con la observación desprendida y Objetiva.

Debemos dejar de vernos como nos gustaría ser, para lograr captar lo que verdaderamente somos.

Para verdaderamente lograr un cambio conciente, debemos comprender la importancia que tiene dejar de justificar nuestros diferentes yoes. Por ejemplo, si quiero dejar de ser iracundo, pero justifico mis rabias aduciendo que tengo razón, que los otros me provocan, etc. nunca lograré cambiar de verdad.

Un serio obstáculo para la auto-observación es la crítica. La capacidad de juzgarnos a nosotros mismos se duerme cuando juzgamos a otra persona. Cuando uno critica se olvida de sí y no puede observar ni descubrir nada interno. Lo que criticamos a otros es lo que somos, criticamos los yoes que tenemos.

Cuando juzgamos es porque nos vemos reflejados en el otro y quisiéramos esconder esa parte nuestra que nos desagrada. Es como si al criticar rechazáramos ese defecto que también tenemos.

Algunas veces, criticamos a alguien que tiene el mismo yo que nosotros por competencia, miedo o envidia. Y otras veces, criticamos los yoes opuestos a los que tenemos (como cuando nuestro yo avaro critica a un yo derrochador de otra persona).

El Ego, como suma de yoes, es un tejido atómico. Podríamos compararlo a un tapiz que de lejos muestra una imagen compleja (por ej. un paisaje) pero que al ser observado de cerca nos permite ver uno a uno cada nudo, cada hilo por separado. Encontrar los detalles de los yoes y sus tramas es como observar los nudos para ir lentamente desbaratando la urdimbre. Comprender los detalles nos permite ir desarmando el tejido.

Cuando estudiamos, por ejemplo, el yo lascivo al principio no vemos más que detalles, lo que de lascivo tiene cada yo. Poco a poco vamos completando la molécula hasta que logramos verla completa y reconocemos el deseo que agrupa esos detalles.

TEMOR, PLACER Y DOLOR

Toda emoción, todo pensamiento y acción, obedece a un deseo.

Todo deseo o yo está en función de un placer. Todo placer conlleva dolor.

Por ejemplo: Una adolescente desea ir a una fiesta y la madre no la deja. El deseo de ir está compuesto por muchos otros deseos que implican diferentes placeres: el de imaginar, el de prepararse, el de planear que se va hacer, el de beber, el de abrazarse con el novio, el de conversar, etc.

Cada uno de estos placeres tiene su polo opuesto en el dolor. Lo que imaginamos y planeamos con mucho placer, produce mucho dolor cuando no coincide con la realidad.

Es doloroso que no nos reconozcan el resultado de nuestro esfuerzo al prepararnos.

Beber puede ser placentero, pero no el dolor de cabeza y la confusión. Compartir un momento de apego con la pareja genera dependencia y trae el dolor de la separación. El placer de conversar, de hablar de otros, de criticar, esconde el dolor de la envidia, del rencor, etc. Por otro lado, en todo esto está presente la dependencia al que dirán, que siempre trae dolor, pues es parte de lo que nos impide ser libres.

Todo placer experimentado queda grabado en nuestra psiquis como deseo. Cuando no lo podemos repetir, nos provoca dolor al desearlo. Pero, cuando lo satisfacemos, adquiere más fuerza y nos demanda más. Por tal razón nunca estaremos satisfechos. Esa insatisfacción que se siente es dolor. Como vemos el deseo provoca dolor tanto cuando lo satisfacemos como cuando no.

La tercera fuerza que debemos tener en cuenta al estudiar el deseo es el temor. Todo placer esconde temor: de no alcanzarlo o también de alcanzarlo, de que se acabe, de que no sea intenso o que no sea como esperábamos, etc. Y lo mismo ocurre con el dolor, tememos que se repita, o que se prolongue. Tememos a todo lo que nos provoca dolor.

Por otra parte, nos da temor todo lo opuesto a lo que nos provoca placer. Si, por ej. me da placer ser reconocido, temo ser un don nadie, o que rían de mí.

Placer y dolor se compensan. Como vimos, el placer esconde el dolor. Y el dolor nos lleva a buscar placer. Hay dolores placenteros y placeres dolorosos. El placer nos fascina y nos impide comprender el dolor. El temor, por su parte, nos paraliza y nos impide hacer.

Placer, temor y dolor se engendran mutuamente y siempre están ligados entre sí. Podemos ver por ejemplo:

El placer del dolor (el sadismo, masoquismo, la nostalgia, etc.)

El placer del temor (las películas de terror, el vértigo, las situaciones nuevas, etc.)

El temor en el placer (miedo a que el placer se acabe, a que no sea intenso, etc.)

El temor en el dolor (a que se prolongue, a que se vuelva más intenso, etc.)

El dolor en el placer (cuando se acaba, cuando no es como esperábamos, etc.)

El dolor en el temor (sufrimiento por nuestras limitaciones, por no atrevernos, etc.)

ÁTOMOS Y MOLÉCULAS

Los yoes tienen tres naturalezas: atómica, molecular y causal.

La naturaleza Causal, por ser muy sutil sólo podría comprenderla y eliminarla nuestro Cristo íntimo (ver capítulo “Yoes Causa). Nuestro trabajo actual es disolver moléculas y eliminar átomos.

Nuestro instinto está actualmente contaminado por el deseo animal.

Son estos deseos, quienes se han apropiado del fuego de nuestra emoción. La emoción es lo que nos mueve (moción significa movimiento). Es decir que nos mueve el deseo.

La emoción, que es fuego, agrupa en torno suyo, diferentes pensamientos, que son átomos. El fuego los suelda formando así moléculas: agrupaciones de pensamientos unidos por una emoción particular.

Cada yo molecular está compuesto por diversos átomos; son los detalles que debemos eliminar para ir disolviendo la molécula. El peso de una molécula dependerá de la cantidad de átomos que la compongan (según la cantidad de pensamientos que alimenten a un yo, más gordo será este).

Un mismo yo puede estudiarse como átomo o como molécula. Por ejemplo, podemos diferenciar entre el miedo de un yo (un átomo) y el yo del miedo (molécula compuesta por todos los miedos de todos los yoes)

Nuestra mente en su totalidad es un tejido atómico compuesto por todos nuestros pensamientos.

La molécula es un grupo de detalles relacionados por un mismo deseo. Es decir que, en torno a un mismo deseo, como por ejemplo el de masturbarse, se van agrupando otros (como el de consumir pornografía, el de quedarse solo, el de ducharse, el de mirar señoritas por la calle, etc.) Todos esos son los detalles (átomos) que es necesario observar y eliminar para acabar con ese deseo (molécula).

Por otra parte debemos considerar que el deseo de masturbarse se relaciona con el deseo de fornicar pero no es en sí el mismo deseo. La masturbación es tan sólo una entre varias maneras de fornicar.

Todas las maneras de fornicar giran en torno a ese mismo deseo. El yo fornicario es una macro-molécula formada por moléculas que apuntan a ese mismo objetivo como el yo me masturbo, yo fornico en la vagina, yo practico el sexo anal, yo practico el sexo oral, etc. Un grupo de deseos girando en torno a un gran deseo.

 

Este esquema representa a grandes rasgos la macro-molécula del yo fornicario. Cada uno de esos yoes es una molécula, con sus propios átomos o detalles. Vemos algunos ejemplos.

 

Cada uno de esos yoes (moléculas) esta ligado con todos los demás a través de sus detalles comunes (átomos).

 

SINTETIZANDO

  • En el proceso de auto-observación hay grandes deseos que no siempre detectamos a simple vista (macromoléculas). ·
  • Estos grandes deseos agrupan en torno suyo a otros más específicos que nos predisponen a ciertas actividades, que son las diferentes modalidades para satisfacer a ese gran deseo (molécula). ·
  • Estas modalidades agrupan en torno suyo un sinfín de detalles que es necesario descubrir pues constituyen su alimento (átomos).

LA MUERTE

La Madre Divina – Los detalles y la muerte en marcha – La transformación de las impresiones – Los 7 Yoes Causa

LA MADRE DIVINA

La Madre Divina es una parte esencial de nuestro Ser que tiene el objetivo de ayudarnos a disolver todos los agregados psíquicos o yoes, que fuimos creando con nuestra Energía Creadora Sexual, por ignorancia, inocencia e imitación.

En cada rincón del planeta se ha rendido culto a Dios Madre. Los egipcios la llamaban Isis, los hindúes Kundalini, los griegos Ekathe, el cristianismo María, los alquimistas Stella Maris, muchos son sus nombres pero se trata de una misma fuerza cósmica existente dentro de cada ser humano. Cada uno de nosotros tiene su propia Madre Divina individual. Ella aguarda nuestra petición para eliminar lo que hayamos comprendido.

La mente por sí misma no puede alterar radicalmente ningún defecto psicológico. La mente puede rotular cualquier defecto, pasarlo de un nivel a otro, esconderlo de sí misma o de los demás, disculparlo, más nunca eliminarlo.

Después de haber comprendido íntegramente cualquier defecto a través del estudio y la reflexión, debemos sumergirnos en meditación profunda, suplicando, orando, pidiendo a nuestra Divina Madre particular que desintegre detalle por detalle el defecto previamente comprendido.

Sin este procedimiento, todo esfuerzo para la disolución del Ego resulta inútil.

A veces, algunas personas a las que se ha transmitido esta práctica, dicen que no resulta, que piden a su Madre Divina que les elimine el defecto que han comprendido, pero que este se sigue manifestando. Cuando esto ocurre es que aún no se ha terminado de comprender profundamente a ese yo.

Una vez descubierto un defecto hay que reflexionar en él y pedirle muerte. Esto no significa que el defecto muera instantáneamente sino que vamos a empezar a verlo más seguido, a reconocerlo. Es en este punto que tenemos dos opciones: o nos negamos al deseo o somos negligentes con él, permitiendo que se manifieste. En esto consiste el negarse a sí mismo, cuando comprendemos la necesidad de que ya no se manifieste un yo, ahí se ve la verdadera renuncia.

La Comprensión implica una profunda capacidad de desprendimiento, capacidad de ver la Verdad, cueste lo que cueste, y de poder soltar las cosas del mundo exterior que nos hacen sentir cómodos y seguros.

Podemos entender intelectualmente que en el mundo todo es pasajero pero eso no basta, es necesario comprender con el corazón. Por más que nos repitamos una y otra vez algo, o que pensemos de nosotros mismos lo mejor o lo peor, esto no hará profundos cambios.

LOS DETALLES Y LA MUERTE EN MARCHA

Este árbol está parado en sus raíces principales, ellas no lo alimentan sino que lo sostienen contra los vientos y el peso del mismo para no caerse, no derrumbarse. Y son sus raíces pequeñísimas las que se extienden por el resto de la tierra para alimentarlo.

Asimismo es nuestro Ego. Las raíces gruesas que sostienen al árbol simbolizan los siete defectos capitales o Yoes Causa: Pereza, Codicia, Lujuria, Orgullo, Ira, Gula y Envidia. (ver el capítulo los yoes causa).

Las raíces pequeñas simbolizan los detalles de estos defectos causales, aquellas manifestaciones pequeñísimas que no creemos que son defectos pero que son el alimento del Ego. Nuestro Ego se alimenta por todos esos detalles diminutos que tenemos en gran cantidad.

Tenemos millones de detalles negativos que no vemos por falta de auto-observación. Detalles tales como los malos pensamientos, el odio, la envidia, la ambición, los celos y cosas que uno juzga insignificantes como echar mentiras, decir palabras llenas de orgullo o agarrarse monedas del suelo son las raíces diminutas del Ego. Es necesario quitarle el alimento al árbol y esto significa eliminar todos esos pequeños detalles que se nos pasan inadvertidos en el diario vivir. Claro que esto implica un esfuerzo de auto-observación constante para poder descubrir esos detalles.

Por diminuto que sea el detalle que hemos descubierto debe pedírsele a la Madre Divina Interna así: “Madre Mía sácame este defecto” o “Madre Mía mátame este defecto”. Cualquier petición sincera es válida, lo importante es hacerla pues solo Ella tiene el poder de eliminar nuestros defectos y así lo hará porque esa es su misión. Así el árbol deja de crecer y comienza a desnutrirse, a secarse.

Esto no es una práctica aislada, es para practicarlo donde quiera que uno esté, en todo momento. Debe ponerse cuidado al centro sexual, emocional e intelectual pues por estos se manifiesta todo defecto. Cuando observamos que un defecto se está manifestando por cualquiera de esos tres centros, inmediatamente debemos hacer la petición a la Madre Divina para que Ella proceda a desintegrarlo.

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS IMPRESIONES

Las impresiones llegan a la mente a través de la ventana de los sentidos. Si no tuviéramos los cinco sentidos, no existiría para nosotros eso que se llama mundo físico. Nadie podría meter dentro de su mente un árbol, una silla, una casa, una piedra. Las cosas, las personas, no son más que impresiones dentro de nosotros, dentro de nuestras mentes.

La vida es una sucesión de impresiones y no hay dos personas que tengan las mismas impresiones con respecto a la vida. La vida nos llega como impresiones que nos obligan a reaccionar de una forma estereotipada. Cambiar nuestras reacciones es cambiar la propia vida. Es urgente estudiar nuestras propias impresiones. Es necesario estar auto-observándose de momento en momento.

Dentro de nosotros existen muchas impresiones del pasado no transformadas y muchos resultados mecánicos de esas impresiones. Esos resultados mecánicos son los yoes que ahora hay que desintegrar.

Este trabajo debe ser llevado hasta el punto donde entran las impresiones, que son mal distribuidas por la personalidad y utilizadas para evocar antiguas reacciones. Nuestra personalidad recibe las impresiones, pero no las transforma.

Es necesario formar un elemento de cambio en el lugar de entrada de las impresiones. Ese elemento de cambio es la comprensión. Sólo la comprensión, que es una función de la Conciencia, puede transformar las impresiones que surgen en la mente.

Por ej., si alguien nos alaba, ¿cómo podríamos transformar la vanidad que eso provoca en nosotros? Comprendiendo nuestra insignificante posición, que sólo somos una pequeña criatura en un rincón del Universo.

Si uno es capaz de transformar las impresiones que producen las palabras de un insultador, estas quedan sin valor alguno. Las palabras de un insultador no tienen más valor que el que les da el insultado.

Cuando uno comprende esto, transforma las impresiones de tales palabras en algo distinto, en amor, en compasión por el insultador y esto, naturalmente, significa transformación.

LOS 7 YOES CAUSA

Los 7 Yoes Causa son las raíces del árbol: Pereza, Codicia, Lujuria, Orgullo, Ira, Gula, Envidia.

Son de naturaleza electrónica. Es decir pertenecen al Mundo Causal, el mundo de las causas.

Se les llama Yoes Causa porque estos 7 dieron origen a toda la legión, de aquí se desprenden los millones de defectos que cargamos en nuestra psiquis. Los Yoes Causa sólo podrían ser comprendidos y eliminados por nuestro Cristo Íntimo, ese poder revolucionario latente en nuestra simiente.

Sólo eliminando los detalles, pequeños defectos que vamos encontrando en el diario vivir, podrá nacer algún día nuestro Cristo Íntimo, el salvador de nuestro mundo interior, que viene para erradicar de nuestra psiquis los 7 Yoes Causa y liberarnos de toda posibilidad de error.

Del mismo modo que lo hizo el maestro Jesús, todo maestro encarna al Cristo en determinado momento de su camino para que esa fuerza le dé la perfección absoluta por medio de la muerte final de sus defectos.

Tenemos que entender que en el campo del trabajo esotérico los Yoes Causa tienen una significación más profunda que la usualmente entendida.

Pereza no es solamente flojera, descuido, desgano o afición por dormir. Toda actividad destinada al Ego, implica un tiempo negado para el Ser. La Pereza radica en la mala voluntad de trabajar para el Ser. Se puede ser muy activo para las ocupaciones de la personalidad y esto indica mucha Pereza.

La Codicia está relacionada con el afán de riquezas y poder pero también con todo deseo en general. Cualquier deseo nos lleva a codiciar determinado fin, y nos impide despertar Conciencia en la vivencia del instante.

Lujuria no es sólo el vicio desmedido por los placeres sexuales, sino todo aquello que nos lleva a procurar el lujo y los bajos placeres. La búsqueda de lujo proviene de la esclavitud al placer. Encontramos lujuria en las modas, la comida, la decoración, etc.

El Orgullo no es solo arrogancia, vanidad y exceso de autoestima, orgullo es nuestra incesante actividad mental (intelectual), que impide la manifestación del Ser a cada instante. Orgullo es lo que el deseo hace con nuestro centro intelectual: planes, proyectos, especulaciones, dudas, justificaciones, etc.

La Ira, además de ser cólera, enojo e irritación, es la mala utilización de nuestra fuerza o brío, en nuestras palabras, obras y omisiones. Es nuestra fuerza utilizada negativamente ocasionando la mala voluntad.

La Gula no es solo el exceso en la comida sino también el origen de todos nuestros excesos y desequilibrios, físicos, intelectuales y emocionales.

La Envidia no es sólo el pesar (tristeza o enojo) por el bien ajeno, sino también el resorte secreto de toda acción. Envidiamos todo lo que vemos, todo lo que nos cuentan. La Envidia es el motor del proceso egoico de aprendizaje: vemos, deseamos e imitamos. Y todo es por querer saber (qué se siente tal cosa, como es tal otra, etc.). Por eso se dice que la Envidia es “no saber saber” (el verdadero Saber surge de la eliminación de los condicionamientos creados al actuar por imitación, por deseo, por Envidia).

Investigando la relación que existe entre todos los Yoes Causa, podemos ver cómo trabajan en conjunto dando origen a diversos detalles o defectos.

Por ejemplo:

  • La Ira que hay en el Orgullo (cuando nos interrumpen o nos llevan la contra).
  • El Orgullo que hay en la Lujuria (cuando pensamos en sexo todo el tiempo o exhibimos nuestros lujos).
  • La Pereza que hay en la Ira (cuando suspendemos una actividad porque nos enojamos).
  • La Codicia que hay en la Pereza (que nos pone a desear cosas del mundo).
  • La Envidia que hay en la Pereza (cuando preferimos odiar al que consiguió algo antes que procurarlo nosotros).

Cuantas más raíces causales observemos simultáneamente, más completo será el panorama que tendremos de lo observado. Recordemos que no se está hablando aquí de comprender al Yo Causa en sí mismo sino de aprender a ver que nuestras moléculas y detalles se mueven en múltiples direcciones que quizás no siempre tenemos en cuenta. Muchas veces nos trabamos en la comprensión de un yo por no observar su relación con los demás. (Ver capítulo “Átomos y moléculas”).

 

MÉTODOS DE ESTUDIO

El estudio y la muerte – Dos preguntas muy simples – Otras pistas

EL ESTUDIO Y LA MUERTE

El estudio y la comprensión es una cosa. La muerte del defecto estudiado es otra. Luego de estudiar y meditar, reflexionar, comprender y arrepentirnos sinceramente, debemos orar por cada detallecito descubierto, por cada comprensión lograda, para que nuestra Madre Divina Interior trabaje y elimine de nuestra psiquis los agregados psicológicos en cuestión. (Ver capítulo “La Madre Divina”).

Los siguientes métodos de estudio están basados sencillamente en la observación. Hacernos preguntas nos lleva a observar más profundo, a conocer y cambiar.

Lo que sigue no es algo indispensable ni una guía universal, pues cada cual tiene su propio Ser, su Conciencia, que es su verdadera guía y a quien cada cual debe escuchar si quiere realmente ser libre.

Nadie nos puede dar un método general de comprensión sobre lo que somos.

La comprensión es algo muy íntimo que surge del trabajo profundo interior.

Para iniciar dicho trabajo debemos comenzar por observarnos.

Nunca debemos olvidar que nuestro cuerpo físico es una máquina en la que se monta un yo para ser desplazado por otro al instante siguiente, y así.

Si de verdad vemos esa multiplicidad dentro nuestro y comenzamos a observarla detalladamente, encontraremos: reacciones, deseos, pensamientos, emociones, temores, etc. Este es nuestro material para el estudio, la reflexión y la meditación.

También en las experiencias oníricas vamos a vernos involucrados, de manera activa o pasiva, en escenas donde un yo es el principal protagonista. Esa experiencia también puede volverse material de estudio. Preguntarle a nuestro Ser, a nuestro Padre Interior y a la Madre Divina, que nos enseñe y nos conduzca, que nos muestre en los sueños cual yo es conveniente estudiar, etc.

En el diario vivir encontramos muchos eventos en los que diversos yoes se manifiestan. De allí también saldrá abundante material si nos mantenemos atentos y vigilantes.

DOS PREGUNTAS MUY SIMPLES

Hay dos preguntas muy simples que siempre sirven para disparar la reflexión

  1. ¿Por qué?
  2. ¿Para qué?

Preguntar ¿por qué? es preguntar ¿por qué motivo? ¿Por cuál yo? (¿por cuál deseo?)

Preguntar ¿para qué? es preguntar ¿qué pretendo conseguir? ¿Para cual yo? (¿para cual deseo?)

Por ejemplo: Observó que deseo comprarme una ropa aunque ya tengo suficiente. Entonces me pregunto:

¿Por qué?

  • Porque sí, porque quiero tenerla (Codicia).
  • Porque me gusta como me queda (Vanidad- Lujuria).
  • Porque fulano tiene una igual (Imitación – Envidia) Etc.

¿Para qué?

  • Para combinar con otras ropas que tengo (Vanidad – Lujuria).
  • Para sentirme bien conmigo, lindo (Auto-importancia – Temor – Orgullo).
  • Para tener una novia como la de fulano (Envidia – Lujuria) Etc.

Ahora bien, si a cualquiera de estas respuestas (o a todas ellas) le aplicó las mismas sencillas preguntas iniciales iré profundizando más.

Por ejemplo: Tomando la última respuesta de los “¿para qué?”

  • Para tener una novia como la de fulano (Envidia – Lujuria).

¿Por qué?

Porque me siento solo (temor)

Porque estoy aburrido (Pereza)

Porque mi novia ya no me gusta (Adúltero)

¿Para qué?

Para fornicar (Lujuria)

Para demostrar que yo también puedo (Orgullo)

Para formar una familia (Instinto reproductor) Etc.

Y si hago lo mismo con estas últimas continuaré profundizando más y más.

No se trata de hacer hallazgos inesperados (aunque es normal que ocurran) sino de reflexionar en los resortes íntimos de nuestras acciones.

OTRAS PISTAS:

A lo largo de este escrito hemos visto que podemos estudiar a los yoes desde muchos ángulos, lo importante siempre resulta profundizar.

Para lograr una verdadera comprensión no debemos justificar ni condenar ninguno de nuestros defectos. La fuerza que justifica es la que no nos deja desapegarnos del yo, la fuerza que condena es la que rechaza y reprime sin comprender, adoptando la postura opuesta, que también es un yo.

Ahora veamos como sugerencias algunos puntos y pistas que pueden aportar a cualquier estudio.

  • Sacar ideas y todo lo que se vea relacionado con el yo a estudiar.
  • No olvidar que todo yo tiene su forma de pensar, de sentir, de accionar, sus opiniones, creencias, etc. Cualquier yo es una persona viviendo en nuestro mundo interior…
  • Ver el placer, el temor y el dolor de todo yo.
  • Juzgar a cada yo por los delitos correspondientes a cada círculo de las infradimensiones (por ej. el yo fornicario es juzgado por perezoso en el 1er. círculo, en el 2º por derramar la simiente, en el 3º por el placer de derramarla, en el 4º por el desequilibrio que esto ocasiona, etc.).
  • Estudiar los efectos del yo en los centros de la máquina humana (como afecta a la función del Centro y al sentido correspondiente, cuál es el Yo Causa del centro, etc.).
  • Resulta útil ver el opuesto complementario de cada yo, su dualidad, y como la ley del péndulo nos conduce a polarizarnos en uno u otro extremo sin comprender (como por ej. en la relación yo tirano – yo sumiso).
  • Ese mismo defecto que le criticamos a otros es precisamente el que podemos estudiar, para comprenderlo en nosotros y en los demás.
  • Ver en que momentos aparece el yo y porque, cuanto tiempo dura su manifestación, cuáles son sus hábitos y reacciones.
  • Hacer una lista de personas con las cuales me relacioné hasta hoy. Hacer un estudio de las escenas significativas con cada una de ellas.
  • Reconocer las “canciones psicológicas” que dejó el yo en el transcurso de su existencia. Hacer prácticas para perdonar aquellos por quienes sentimos rencor.
  • Hacer un listado o recuento de todos los estados y eventos en relación al yo.
  • Armar esquema de átomos y moléculas para ver como se relacionan los detalles.

GUÍA DE PREGUNTAS PARA EL ESTUDIO DEL YO

  • ¿Por qué motivo lo hace o lo hizo?
  • ¿Cuál es el objetivo del yo? ¿Para qué?
  • ¿Cuáles son sus placeres? ¿Cómo justifica estos deseos la mente?
  • ¿Cuándo y porque comenzó a manifestarse? ¿Podría enumerar cuantas veces se manifestó?
  • ¿En cuántas escenas se manifestó? (Enumerarlas y profundizarlas).
  • ¿Cuánto tiempo me ha quitado de mi existencia? (pensamiento, emoción, palabra y acción).
  • ¿Que temor había la primera vez? (observar que el temor, al trascenderlo, se convierte en placer).
  • ¿Cuáles son todos los temores del yo?
  • ¿A que está apegado el yo?
  • ¿Que cosas le producen sufrimiento? ¿Cuáles son los diversos sufrimientos del yo?
  • ¿Que cosas me llevó a hacer este yo?
  • ¿Cómo habla? ¿Cómo piensa? ¿Cómo siente?
  • Causas, Motivos de la acción del yo, yoes de los que se alimenta.
  • Efectos, Conclusiones de la acción del yo, yoes a los que alimenta.
  • ¿Cómo me llevó a relacionarme con mi Ser?
  • ¿Cómo me llevó a relacionarme con los demás?
  • ¿Que daños ocasionó física, intelectual y emocionalmente?
  • ¿Cuál es su opuesto, su contrario?
  • ¿Cómo se da la identificación para que el yo actúe?
  • ¿Soy conciente de los karmas que este yo con sus actos me pueda haber originado, y las formas de pagarlo?
  • ¿En que ocasiones lo reprimí? ¿por qué?

Este no es un cuestionario para rellenar mecánicamente, es sólo un ejemplo, cada yo requerirá una forma diferente de investigación, acorde a sus características y magnitud. El cuestionario sólo es útil cuando nos ayuda a reflexionar.

A continuación exponemos un ejemplo de cuestionario desarrollado especialmente para el yo de la droga.

EL YO DE LA DROGA:

  • ¿Con qué se drogaba?
  • ¿Cuántas veces lo hizo con cada sustancia?
  • ¿Cómo se drogaba? (Aspirar, inyectarse, fumar, tomar, comer)
  • Antes Durante y Después de drogarse:
    • ¿Qué sensaciones se tenía en el cuerpo físico?
    • ¿Qué emociones aparecían?
    • ¿En qué se pensaba?
    • ¿Qué se hacía y que se decía?
  • ¿Con quienes se drogaba?
  • ¿En qué lugares se drogaba? 
  • ¿Para qué se drogaba? 
    • ¿Qué se pretendía conseguir? 
    • ¿Se lograba? 
  • ¿Por qué se drogaba? 
    • Cuál era el motivo 
    • ¿Qué se deseaba en el fondo? 
  • ¿Qué placer se sentía? ¿El placer de qué? 
  • ¿Por qué le gustaba? 
  • ¿Qué temores nos llevaban a drogarnos? 
  • ¿Qué temores nos provocaba el estar drogados? 
  • ¿Qué justificaciones nos llevaban a drogarnos? 
  • Cuando estábamos drogados ¿qué justificaciones teníamos para hacer, omitir, sentir, pensar y decir? 
  • ¿De qué manera la mala voluntad nos llevaba a drogarnos? 
  • ¿Cómo actuaba la mala voluntad una vez que estábamos drogados? 
  • ¿Qué dolores nos ocasionó el hecho de drogarnos? 
  • ¿Cómo afectó a nuestra relación con los demás? 
  • ¿Cómo afectó a nuestra relación con el Ser? 
  • ¿Qué daños le ocasionó a cada uno de nuestros cuerpos 
  • ¿Qué conceptos se tenía respecto de la droga? 
  • ¿Qué concepto se tiene hoy respecto de la droga? 
  • ¿Cómo se desenvolvía la imitación en el acto de drogarse 
    • ¿A quiénes se imitaba? 
    • ¿Por qué? 
  • ¿Qué anécdotas se recuerdan al respecto? 
  • ¿Por qué se siente orgulloso de ser un drogadicto? 
  • ¿Por qué se buscan sensaciones fuertes, nuevas, diferentes, peligrosas, etc.? 
  • ¿Por qué se puede llegar a creer que una experiencia con drogas nos conecta con lo Real?
  • ¿Cuáles son los yoes amigos del yo de la droga? (parrandero, fornicario, conquistador, intelectual, artista, masturbador, músico, místico, ocioso, etc.)

De todos modos, no debemos olvidar al final, repasar cada una de las comprensiones para pedirle bien concentrados a la Madre Divina que nos elimine los detalles descubiertos y comprendidos.

Iremos encontrando en el diario vivir, y en las experiencias astrales, nuevos puntos con los que relacionar nuestro estudio, reflexión y meditación.